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martes, 12 de enero de 2016

Una Cabalgata llena de ilusiones

La tarde del pasado 5 de enero las calles de Villaverde se llenaron de luces, sonrisas e ilusión gracias a la participación de multitud de vecinos y un gran número de familias del barrio.

Después de meses de reuniones y mucho trabajo nuestros niños y niñas pudieron disfrutar de la llegada de los Reyes Magos de Oriente. Este año la cabalgata fue subvencionada en su totalidad por la Junta de Distrito y gestionada por las asociaciones participantes.

Desde nuestro AMPA queremos agradecer el trabajo realizado a todas las asociaciones que han hecho posible esta cabalgata, y en concreto queremos dar las gracias a las familias de nuestro colegio que con su participación consiguieron que nuestros hijos e hijas tuvieran su propia carroza junto con el resto de ampas del barrio.

A continuación os dejamos algunas imágenes tomadas desde la asociación AVIB, pero podéis disfrutar de todas las fotografías que hicieron en el siguiente enlace: Cabalgata popular 2016

La carroza de nuestra Asociación tuvo el honor de llevar al Rey Melchor.











Otras carrozas de las AMPAS de los colegios Ausias March y El Greco.

























Las carrozas de las asociaciones de vecinos, AVIB y La Unidad, así como otras agrupaciones vecinales de San Cristóbal.


Y agrupaciones deportivas del barrio, Escuela de fútbol Racing de Villaverde y Escuela de fútbol Santiago Apóstol.

¡GRACIAS A TODOS!



martes, 22 de diciembre de 2015

El Circo de los Rosales

Esta mañana el colegio se ha llenado de risas y alegría. El AMPA tenía una sorpresa para los peques y no tan peques el último día de cole antes de las vacaciones de Navidad.


Primero un grupo de artistas de circo, una la pareja de payasos, un domador y su tigre, y la presentadora ha entregado las entradas a cada clase para la función de circo.

Y en el gimnasio les estaban esperando Koko y Ari (Dekolores) para hacerles disfrutar de una sorprendente actuación de circo. Han hecho de todo: malabares, acrobacias, lanzamiento de cuchillos, platillos chinos... incluso han utilizado un trapecio.


 Y todos, niños y grandes, han podido disfrutar por un rato del maravilloso mundo del circo.



Además este año el AMPA siguiendo con el tema de las emociones ha hecho entrega a los profes de cada curso de un libro con el que podrán trabajarlas en el cole.



 ¡FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO 2016!





lunes, 9 de febrero de 2015

Entrega de la donación del III Mercadillo Solidario

El pasado viernes 6 de febrero, una familia socia del AMPA, hizo entrega en la Asociación "El Pato amarillo" de los productos comprados con el dinero que este curso se había recaudado en el III Mercadillo Solidario.
También entregaron los juguetes y peluches que las familias del colegio llevaron durante esos días.
Gracias a Silvia, Kike, Mateo y Dario por hacer de pajes del AMPA.

Aquí podemos ver a los peques de la familia con una voluntaria de la asociación en el momento de la entrega.
Os recordamos que el local de la asociación está en Orcasitas, C/ Salado, nº 5. Allí día a día está Pilar, su fundadora, y el resto de voluntarios, que con una gran sonrisa y agradecimiento recogen todo lo que quieras donar: pasta, legumbres, leche, pero también ropa de niños, adultos, ropa de cama, juguetes durante todo el año, libros, etc.

martes, 19 de noviembre de 2013

Derechos del niño y la niña a la libertad y participación materiales para Infantil primaria y secundaria

Mediante la web inevery crea, hemos conocido estos interesantes materiales para dar a conocer a nuestros niños sus derechos:

Derechos del niño y la niña a la libertad y participación materiales para Infantil primaria y secundaria: Séptima entrega, dentro de nuestro proyecto UN DÍA UN DERECHO, que desde Orientación Andújar, queremos compartir estos fantásticos materiales que durante dos años realizó el Equipo de Urgencias Educativas de los colegios La Salle. Se trata de la recopilación de todas las reflexiones de los Derechos de los niños y las niñas o dia de la infancia ordenadas por derechos y por ciclos, en Educación Infantil, Educación Primaria y Primer Ciclo y Segundo Ciclo de la ESO. Trabajaremos con estos material...

jueves, 6 de junio de 2013

Serie Propuestas para cambiar la Educación de la web bebes y más: Educar emprendedores

Posted: 04 Jun 2013 09:19 PM PDT
niños emprendedores
Parece que son muchas las propuestas que tengo para cambiar la Educación. Y si, es cierto, realmente creo que debemos reconsiderar completamente el sistema de aprendizaje para ayudar a que los niños estén preparadados, no para el mercado actual, sino para adaptarse a los cambios del futuro y a construirlo ellos mismos. Y una de las claves es el educar emprendedores.
Hoy resulta complicado enormemente el mercado de trabajo y cada vez son más las personas que, pese a las dificultades, de animan a emprender su propio negocio personal, poniendo su esfuerzo y conocimientos al servicio de lo que les apasiona.
Los emprendedores suponen una riqueza inmensa pero la mayoría de ellos explican que han tenido que sobreponerse a miedos e ideas inculcadas desde niños: no lo vas a conseguir, consigue un buen empleo y traga con lo que te echen, nadie va a confiar en ti, es mejor la seguridad (¿qué seguridad?) que la aventura, todo está ya inventado…
Pues bien, educar emprendedores desde niños es posible, por supuesto que lo es. ¿Como lograrlo?
Más que imponiendo disciplina, ayudando a ejercer la libertad respetando los límites de los demás. Más que repitiendo lo que otros escriben, atreviéndose a crear sus propios proyectos. Más que evaluándote por lo que no sabes, valorando lo que has aprendido. Más que controlando tu creatividad para que no se salga de lo establecido, impulsándote a desarrollar nuevas ideas, propuestas y soluciones. Más que marcándote la senda, dejándote que tu la construyas.
Con confianza en tus sueños y en tus objetivos. Alentándote a descubrir tu pasión. Enseñándote a desarrollar proyectos, a buscar información, a colaborar con otros más que competir por la mejor nota.
Aplaudiendo tu iniciativa más que el resultado marcado externamente. Proporcionándote herramientas prácticas. Fomentando la expresión oral y la colaboración. Estando dispuestos los educadores a aprender de ti, más que a enseñarte ellos siempre.
Por tanto, para que nuestros niños puedan construir y elegir su futuro, diseñar nuevos negocios, inventar soluciones que engloben todas las variables de un problema, por todo ello, por el futuro de esos niños, mi propuesta para cambiar la educación de hoy es esta: eduquemos emprendedores.

martes, 4 de junio de 2013

Involúcra a tu hijo en su mejora. Por Elena Roger Gamir pedagoga del Gabinete Solohijos


Es injusto y altamente desmotivante pedir a nuestros hijos que se acerquen a la perfección, que persigan y alcancen las expectativas inflexibles que hemos creado para ellos, por más que las hayamos trazado pensando que son lo mejor.

Exigirles la perfección es lo más desmotivante que hay para un niño o un adolescente. 
Ni quieren defraudaros a nosotros ni a ellos mismos. ¿Solución? ¡Ni lo intentan!

Conseguimos entonces hijos desanimados, con falta de objetivos y apatía permanente. Y no por falta de capacidad sino por expectativas difícilmente alcanzables.

Motívale para que mejore, no para que alcance la perfección:

En lugar de exigir la perfección, valora la mejora. Felicidades, esta semana lo has hecho mejor. Si sigues así, lo conseguirás en unos cuantos días más.

Imprescindible: explícale de forma clara y precisa qué se espera de él. Asegúrate que lo entiende. ¿Qué es lo que hemos acordado?

Céntrate en lo bueno que hace tu hijo, que es la mayoría. El error no está en tu hijo sino en tu manera de mirarlo. Comienza a fijarte más en su conducta positiva. Poco a poco, la negativa irá desapareciendo al sentirse libre, relajado y motivado para corregirse sin presión. Si hay posibilidad de error sin represalias, hay oportunidad de aprendizaje.

Comenta sus errores de manera constructiva. ¿Cómo crees que puedes mejorar esto?

Enséñale a ver, en cada error, la parte positiva y la de mejora. ¿Cual crees que ha sido el error? ¿Cómo podrías evitarlo la próxima vez?

Hazle partícipe de su mejora. ¿Qué ocurrió la semana pasada con este mismo problema? ¿Recuerdas lo difícil que te resultó solucionarlo? ¿Por qué ahora lo has conseguido? ¿Qué es lo que has hecho que no hiciste entonces y que te ha permitido solucionarlo ahora?

Enséñale a que se sienta orgulloso de su trabajo, independientemente de la opinión de los demás. ¿Cómo te sientes con lo que has conseguido?

Enséñale a que desarrolle su propio criterio ante su actuación. ¿Cómo crees que lo has hecho? ¿Qué piensas de tu trabajo de investigación?

viernes, 31 de mayo de 2013

EL MITO DE LOS DEBERES: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia? por Alfie Kohn

Visto en la web: el blog alternativo



Posted: 30 May 2013 06:20 AM PDT
mito de los deberes
“Creo que el efecto más perturbador es que la falta de interés de los niños por las tareas los lleve a adoptar una actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje en general. Diría que las tareas son el principal y MAYOR EXTINGUIDOR DE LA CURIOSIDAD INFANTIL. Queremos niños completos, que se desarrollen social, física y artísticamente, y que tengan también tiempo para relajarse y ser niños”
Alfie Kohn
El impacto de los deberes en la vida de las familias con hijos escolarizados es, en muchos casos, el siguiente:
  • una carga para las famlias
  • un estrés para los niños
  • un conflicto familiar
  • menos tiempo para otras actividades
  • menos interés por el aprendizaje
Esos son los temas que se tratan en los primeros capítulos del libro recién publicado en español “El mito de los deberes: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia” de Alfie Kohn, profesor, autor comprometido con la renovación pedagógica, uno de los críticos más destacables en EEUU del sistema educativio actual, experto en el proceso de aprendizaje y cómo se bloquea, y escritor de varios libros.
Existe un mito por el cual los deberes en casa (tras largas jornadas escolares) benefician a los niños y aportan responsabilidad, disciplina, hábitos de estudio y más. Pues Alfie Kohn tira por la borda este tipo de planteamientos y, avalado por multitud de investigaciones, concluye que “los deberes no proporcionan ningún beneficio académico para los alumnos de primaria y existen serias dudas sobre si son recomendables para los estudiantes de secundaria”. A pesar de esto, el sistema perpetúa los deberes sin ningún cuestionamiento de generación en generación por varios motivos:
  1. un conjunto de creencias equivocadas sobre el aprendizaje
  2. una desconfianza hacia la infancia y la juventud
  3. y un enfoque de la educación cada vez más contaminado por la competición.
“El mito de los deberes: ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia” analiza todo esto. Sus capítulos principales se titulan: “La verdad sobre los deberes”, “Seis razones por las que los deberes siguen existiendo (a pesar de lo que dicen las pruebas)” y “Recuperar la sensatez”; y, además de las críticas y desmitificación de los deberes, el autor plantea medidas concretas para cambiar lo que ocurre en las escuelas (y en nuestras casas) con el fin de rescatar el gusto por aprender de nuestros hijos y el bienestar en nuestras familias.
Canadá, Australia, Francia, España, … el dilema de los deberes (y el desmantelamiento del viejo paradigma educativo) es un asunto que compartimos millones de familias en el mundo y Alfie Kohn nos aporta un gran material sobre el que reflexionar, abrir los ojos y CAMBIAR DE RUMBO.
A continuación adjuntamos las primeras y últimas páginas del libro:
homework

Perdiendo sus infancias

Tras pasarse la mayor parte del día en la escuela, a los niños se les mandan —por norma general— tareas adicionales para realizar en casa. Un hecho muy curioso cuando te detienes a pensar sobre ello, pero no tan curioso como el hecho de que muy pocas personas se detengan a pensar sobre ello. Merece la pena preguntarse no solo si existen buenas razones para apoyar la práctica casi universal de mandar deberes para casa, sino también la razón por la que esta práctica tan a menudo se considera como algo natural —incluso por un considerable número de familias y de profesorado a quienes les preocupa su repercusión en la vida de los niños—.
El misterio aumenta cuando se constata que las extendidas creencias sobre los beneficios de los deberes —mayor rendimiento académico y promoción de valores como la autodisciplina y la responsabilidad— no vienen corroboradas por la evidencia científica disponible. Como veremos más adelante, los datos en que se apoyan dichas creencias son débiles o inexistentes, dependiendo del componente específico que se esté investigando y de la edad de los estudiantes. Pero, de nuevo, esto rara vez ha provocado una discusión seria sobre la necesidad de los deberes, ni ha calmado las exigencias de que se manden todavía más.
Padres y madres hablan con frecuencia sobre los deberes de sus hijos, siendo uno de los primeros temas que surgen en las reuniones con los profesores, sean individuales (tutorías) o generales del aula. No hay mejor forma de asegurar la asistencia a una reunión de clase que avisar de que se van a proporcionar consejos sobre los deberes escolares. De forma similar, hay una demanda aparentemente ilimitada de libros que ofrecen ayuda con títulos como: The HomeworkSolution: Getting Kids to Do TheirHomework (La solución a los deberes: Cómo conseguir que los niños hagan sus deberes); Seven Steps to Homework Success (Siete pasos para el éxito en los deberes); Homework Rules and Homework Tools (Reglas y trucos para los deberes); Ending the Homework Hassle (Ponerfin a la molestia de los deberes); How to Help Your Child with Homework; Hassle Free Homework (Cómo ayudar a tu hijo con los deberes; deberes sin problemas), etc.
No hay duda de que estamos ante un tema de enorme relevancia para casi todos los que conviven con niños y jóvenes —un tema ante el quemuchos nos sentimos frustrados, confundidos o incluso enfadados—. Pero a pesar de nuestra preocupación, rara vez se cuestiona la creencia de que se deberían seguir mandando deberes.
Esta postura de aceptación generalizada sería comprensible si, de vez en cuando, la mayoría del profesorado decidiera que un determinado tema debe continuar después del colegio y, entonces, se pidiera a los alumnos que leyeran, escribieran, investigaran, o hicieran algo en casa esa tarde. Podríamos plantearnos dudas sobre ciertas tareas pero, al menos, sabríamos que los profesores están aplicando un criterio, decidiendo caso por caso si las circunstancias realmente justifican la intromisión en el tiempo familiar, y valorando la probabilidad de que el resultado sea un aprendizaje significativo.
Este escenario, sin embargo, no tiene nada que ver con lo que sucede en la mayoría de los colegios e institutos. Los deberes no se limitan a los momentos en que parecen adecuados e importantes. Lo que la mayor parte del profesorado y responsables educativos está diciendo no es: “Hacer este proyecto concreto en casa puede ser útil”. Sino que más bien, el punto de partida parece ser, “Hemos decidido de antemano que los niños tienen que hacer algo todas las tardes (o varias tardes a la semana, o todos los fines de semana). Ya se nos ocurrirá qué les haremos hacer’ La práctica mayoría de los centros educativos —públicos y privados, de primaria y de secundaria—acepta este compromiso genérico con la idea de los deberes en abstracto. Incluso muchos colegios supuestamente progresistas establecen criterios que especifican el tiempo que los niños de una determinada edad deberían dedicar a algún tipo de tarea
escolar en casa.
¿Alguien se ha planteado la necesidad de cuestionar todo esto? Considera el siguiente párrafo extraído de un artículo aparecido
en la revista Parents:
Si no se obligara a los niños a aprender cosas inútiles y sin sentido, entonces los deberes serían absolutamente innecesarios para el aprendizaje de las asignaturas ordinarias. Pero cuando se exige la acumulación de una gran cantidad de datos con poca o ninguna importancia para el niño, el aprendizaje es tan lento y costoso que el colegio se ve obligado a requerir la ayuda de casa para salir del lío que el propio colegio ha generado.
Quien sea lector habitual de esta revista pero no recuerde haber leído esta provocativa declaración, tal vez sea porque el artículo apareció en el número de noviembre de 1937. El autor era un superintendente escolar llamado Carleton Washburne, nombre que recibió como homenaje tras su muerte un colegio de su ciudad natal, Winnetka (Illinois). Para comprender el drástico cambio que, desde entonces, se ha producido en la actitud de la sociedad, lo primero que vemos en la página web del Washburne School es
un “enlace a los deberes escolares de los alumnos”.
Y, naturalmente, los lectores de las principales revistas y periódicos actuales ya sabemos de qué manera se trata este tema. Por ejemplo, el ejemplar de febrero de 2004 de Parents incluía un artículo que aceptaba de forma acrítica la propuesta de que todos los niños deberían tener deberes para casa desde primero de primaria; y luego procedía a ofrecer sugerencias prácticas de cómo ayudar a los niños “a centrarse y a terminar” lo que les hubieran mandado.
Cualquiera que no esté satisfecho con este tipo de consejos puede sentir una punzada de nostalgia por el inteligente cuestionamiento y el pensamiento progresista tan común entre 1920 y 1940. Lamentablemente, hoy sigue siendo necesario utilizar los mismos argumentos y luchar las mismas batallas contra las mismas prácticas y creencias a las que se enfrentaron Washburne y sus colegas. Pero esto no significa que los supuestos “movimientos pendulares” en el pensamiento educativo se correspondan con cambios en la práctica. Hablando de la educación en su conjunto, las teorías progresistas han generado periódicamente un aumento del interés entre investigadores y teóricos, pero nunca han hecho serias incursiones en la mayoría de las aulas. La frase “volver a lo básico” es un concepto equivocado. En realidad, no hace falta volver, nunca nos hemos ido.
Con respecto a los deberes en particular, es igualmente importante ser conscientes de que los cambios en las actitudes por parte de los investigadores o, incluso, de la sociedad en general, no se traduce necesariamente en variaciones significativas en la cantidad de deberes que los estudiantes realmente tienen que hacer. Es fácil confundir lo que se debate con lo que se hace. Por ejemplo, un artículo de 1999 en el New York Times incluía esta observación: “Una vez que el péndulo oscila hacia un lado, se necesita mucho tiempo para invertir la dirección; pero hay signos de que el exceso de deberes escolares que sufren los niños pequeños está pasando factura“. Es probable que la segunda mitad de la frase sea cierta y que, como ha ocurrido en otros momentos, algunos articulistas hayan tomado nota de lo que está ocurriendo. Pero eso no significa que el péndulo esté oscilando o, metáforas mecanicistas aparte, que se esté haciendo algo para evitar que los niños paguen esta factura.
Final del libro

Cambiando la forma de pensar

Es desconcertante que muchas escuelas que se describen, con orgullo, como “progresistas” o “alternativas”, manden tareas tradicionales de manera habitual en cuanto los niños llegan a tercero o cuarto de primaria y, algunas veces, incluso antes. Es igualmente desalentador enterarse de que otras escuelas intentaron trazar un rumbo diferente, para verse obligadas al poco tiempo a volver al redil. Un colegio de primaria en Oregon logró abolir los deberes, solo para que llegara un nuevo director y, rápidamente, los restableciera. En la ciudad de Nueva Jersey, las familias de mentalidad tradicional frustraron un intento del equipo de una nueva escuela para que los niños pasaran las tardes como quisieran. Algunos educadores me dicen que, como mucho, pueden limitar la cantidad de deberes que mandan a los niños, o tratar de hacerlos lo más pensados posible.
Cambiar el valor por defecto no es fácil, sobre todo en lugares donde el compromiso con el valor de los deberes está más cerca del dogma religioso que de la hipótesis científica. De hecho, incluso su cuestionamiento, muchas veces, no es bienvenido —como hemos visto con documentos como la posición adoptada por la PTA/NEA, que insta a los padres a “hacer ver a los niños que piensan que los deberes son importantes” (p. 116). En lugar de reclamar a los adultos que den ejemplo de pensamiento crítico, el mensaje es seguir la corriente. “Algunos críticos argumentan que los deberes son inútiles, incluso cuando los estudiantes son diligentes en hacerlos, y que las escuelas deberían eliminarlos”, reconoce un conocido escritor sobre temas educativos. Sin embargo, “en vez de debatir la utilidad de los deberes —dice— asumamos que mientras estén ahí, los padres deben hacer todo lo posible por apoyarlos”. Es difícil imaginar una declaración más precisa de lo que significaría para cualquier persona reflexiva —y padre preocupado— abdicar de sus responsabilidades. Insistir en que debemos apoyar cualquier política que esté en vigor, incluso una que pueda ser perjudicial, es un consejo profundamente perverso en cualquier contexto. Teniendo en cuenta que estamos hablando de educación, la contradicción es especialmente lamentable.
Otros, por su parte, sugieren que los padres preocupados por ver a sus hijos pasar una tarde tras otra haciendo tareas inútiles no deberían quejarse, sino complementar los deberes con actividades más interesantes de su propia creación. “Si la escuela insiste en hacer que los estudiantes memoricen montañas de información sobre, por ejemplo, Asia Central, sin hacer este aprendizaje significativo”, los padres podrían “sacar un libro o alquilar una película que les acerque más vivencialmente a esta región”, propone un experto. Sin embargo, esta idea también resulta problemática. En primer lugar, plantea serias preocupaciones sobre la equidad: solo algunos padres tienen el tiempo, la formación y los recursos para proporcionar a sus hijos un tipo de enriquecimiento del que deberían poder beneficiarse todos los niños; evitar hablar sobre los deberes es hacernos cómplices de la ampliación de la brecha de desigualdad social en la próxima generación.
En segundo lugar, un montón de tareas no solo resultan inadecuadas, son perjudiciales. Transmite a los niños la idea de que aprender sobre lugares lejanos (o la poesía o conceptos matemáticos) es algo aburrido y sin sentido, y elimina su deseo de explorar ideas. Como ocurre con muchos otros temas educativos, los beneficios de añadir buenas prácticas son limitados, a no ser que también estemos dispuestos a trabajar por la eliminación de las malas prácticas.
Podemos evitarlo: debemos animarnos unos a otros (y a nosotros mismos) a repensar la creencia básica de que los deberes son inevitables y deseables. Deberíamos debatir sobre su valor y, si estamos convencidos de que hacen más mal que bien, posicionarnos en su contra. Los profesores deberían hablar sobre el tema con sus colegas, así como con los padres; los padres deberían hablar con sus amigos, así como con los profesores de sus hijos. Compartir información es una forma de ayudar a que esto ocurra, como encontró Bethany Nelson en la Sparhawk School. Del mismo modo, Ruth Lazarus, una trabajadora social del área de Chicago, comenta: “Los padres suelen tener tal ansiedad por las consecuencias de que sus niños no completen sus deberes, que yo diría que es la principal fuente de estrés para la mayoría de las familias con las que trabajo que tienen niños en edad escolar. Sin embargo, los datos ofrecidos por la investigación se han mostrado verdaderamente útiles para aliviar este estrés. Puesto que la investigación no corrobora el valor [de los deberes], muchas familias pueden relajarse”.
Aquellos que siempre han asumido que los deberes son necesarios puede que no sean muy receptivos a ver cuestionadas sus ideas, al menos al principio. Phil Lyons, profesor de ciencias sociales afirma que la posibilidad de cuestionar los deberes lleva a algunas personas a reaccionar de la misma manera que hacen los creacionistas “cuando les intentas explicar la teoría de la evolución. A pesar de todos los argumentos lógicos, se niegan a creer que menos deberes puedan llevar a más y mejor aprendizaje“. Pero enseguida agrega que se puede invitar con éxito a que muchas personas reconsideren sus creencias, incluso cuando estamos hablando de estudiantes más mayores —e incluso en los sectores en los que se consideran los cursos de bachillerato principalmente como una fuente de credenciales para la admisión en universidades selectivas—:
He encontrado un montón de hostilidad por parte de padres que piensan que sus hijos están siendo estafados porque llegan a casa y dicen que no tienen deberes. Pero después de explicárselo, la mayoría se muestra favorable y apoya esta política. Los adultos reconocen abiertamente que no recuerdan nada sobre las elecciones de 1876 de cuando estudiaban historia en bachillerato, y que otros aprendizajes y experiencias eran más importantes. Una vez que les explico que esos importantes aprendizajes y experiencias se consiguen mejor sin necesidad de mandar deberes repetitivos, generalmente pasan a mostrarse de acuerdo.
Otros padres, por su parte, no necesitan que les convenzamos de que los deberes son generalmente inútiles y estresantes; necesitan que se les convenza de que hablar sobre esta evidencia es importante. Aquí tienes a Kathy Oliver, profesora de tercero de primaria en Washington:
Lo que he encontrado es que la mayoría de los padres no quieren la pesadez de los deberes, pero tienen miedo de renunciar a ellos porque las cosas siempre han sido así. El año pasado envié en enero una encuesta para ver cuál era el sentir de los padres, y de veintiséis padres, solo dos respondieron que deseaban que hubiera más deberes tales como memorizar las tablas de multiplicar o la ortografía. También tengo padres qué me cuentan lo que pasa en cuarto de primaria, con dos horas de deberes todas las tardes, y cómo lo odian. Hace poco una madre sacó a su hija del colegio y se la llevó a otro centro por esta razón. Aunque la animé a que se lo comentara al director, no lo hizo. Me dijo que muchas otras madres sentían lo mismo pero que tenían miedo de “complicarse la vida”.
Katharine Samway era una de esas madres que habían aceptado su papel “como supervisora delegada…de la escuela”, “una guardiana del status quo educativo”. Supervisar el ritual diario de los deberes llegó a ser “del todo intolerable para su hijo y para sí misma”. Permitió que “algunas tardes el precioso tiempo en familia y su equilibrio psíquico se erosionaran, e incluso se destruyeran” porque no “quería ser criticada por no apoyar la educación de mi hijo”. Pero al final se plantó. “He permitido demasiadas tardes que las obligaciones impuestas por el profesor reemplacen las necesidades e intereses de mi familia”. Se vio pensando: “Tenéis a nuestros hijos durante seis horas, cinco días a la semana. ¿No podemos disponer de algo de tiempo para hacer lo que queramos con ellos?” Hasta que un día decidió decirle a su hijo: “No, no puedes hacer tus deberes hasta que hayamos vuelto del espectáculo/ regresado del paseo en bicicleta/acabado de jugar al fútbol/leído el libro, el capítulo o el poema”. Llegó a la convicción de que cuando las prioridades de la escuela están equivocadas, no hay que aceptarlas. La familia es lo primero. Los niños son lo primero. El verdadero aprendizaje es lo primero.
A estas alturas ya no te sorprenderá saber que Katharine Samway es profesora, a la vez que madre. Su experiencia como madre le enseñó el lado negativo de los deberes —lo que quitan—. Su experiencia profesional le dijo que no había mucho en el lado positivo; había poco que perder poniendo el poema o incluso el paseo en bicicleta por delante de las tareas de clase. Por supuesto, por valiente que fuera su decisión, lo que comenzó a hacer era solo una medida provisional que rescataba a su propio hijo. Pero decidió publicar sus reflexiones en una publicación educativa, con la esperanza de ayudar a que sus colegas repensaran sus prácticas.
Si este libro ha establecido algo, es que las fuerzas responsables de que los deberes atiborren las mochilas de nuestros hijos son múltiples y poderosas. Pero ya hemos superado esas fuerzas en otras ocasiones. Hemos cuestionado otras creencias infundadas, rescatado a otras personas que no tenían poder para defender sus propios intereses, cambiado otros por defecto. Si los deberes persisten a causa de un mito, nosotros les debemos a nuestros niños —a todos los niños— luchar por una política que se base en lo que es verdadero y tiene sentido para ellos.

 Articulo de El País 

El colegio de A Coruña donde los deberes están prohibidos por ley

Las denuncias de un padre fuerzan a que en un centro se cumpla una norma de 1997 que impide poner tareas

 Santiago 30 MAY 2013 - 18:40 CET

A los alumnos de los primeros cursos de primaria del colegio del Isidro Parga Pondal, en el municipio coruñés de Oleiros, no se les puede poner deberes para hacer en casa y esto es así porque un padre se ha acogido a la literalidad de una orden de la Consellería de Educación de 1997 en la que se estipula que a los niños no se les puede mandar trabajo para casa. Una norma que lleva vigente 16 años en Galicia y que en la práctica solo se aplica si alguien presenta una reclamación.
Desde el colegio reconocen que un inspector se personó en el centro tras recibir una queja de un padre por la cantidad de deberes que tenía que hacer su hijo y que desde ese momento se ordenó cumplir la orden y se prohibió a los profesores mandar ejercicios a los alumnos. De la norma administrativa se salvan pequeñas excepciones: “Si un niño está enfermo se le pueden mandar cosas para que recupere los días que perdió, algunas lecturas de periódicos o trabajos de investigación pero muy poco y en casos muy puntuales”, reconoce un portavoz del colegio.
"El hogar no debe ser un espacio de aprendizaje, sino un lugar donde se afiance lo que se ha aprendido en clase, de refuerzo", piensa la pedagoga María Teresa Rodríguez Estévez. "Si un padre denuncia es que probablemente el niño traiga tareas que no ha visto en clase. Y los deberes deben ser de cosas que el niño ya sabe hacer, no nuevas. Sino los padres tienen la sensación de que los niños no hacen nada en el colegio, que vuelven como salieron por la mañana. Tiene que haber una responsabilidad repartida de las familias y los profesores", razona la coordinadora de preparadosparaaprender.com. "Las tareas tienen que servir para establecer rutinas pero dejando tiempo para otras actividades y estar individualizadas".
La mayoría de los padres se muestran contrarios a esta situación y han decidió recoger firmas para defender la libertad de los profesores para desarrollar sus programas educativos. “En el colegio que está a cuatro kilómetros los niños tiene que hacer los deberes y no hay ningún problema”, afirma Belén Fernández, una de las madres del centro, que han decidido recoger firmas para presentarlas ante la Consellería para que derogue esa orden . “Yo conozco padres que han ido a tutorías porque sus hijos van mal en matemáticas y no han conseguido que los profesores les pongan ejercicios de refuerzo por miedo a las inspecciones”, reconoce Fernández. Algunos educadores del colegio han sufrido hasta tres inspecciones en lo que va de curso. Desde la ANPA se han limitado, hasta el momento, a ofrecer su apoyo logístico a los que quieren recoger las firmas. "Vamos a convovar una asamblea porque tenemos padres a favor y en contra de las tareas escolares, hay que debatirlo y tomar una decisión", aseguran desde la asociación.
En la Consellería de Educación aseguran que hasta que se apruebe la ley Lomce del Gobierno no tiene previsto plantearse la posibilidad realizar algún cambio en esta normativa. Y que por lo tanto es de obligado cumplimiento por parte de los centros. En España, casi un tercio de los alumnos de primaria excede ese tiempo de dos horas diarias que señala como límite lógico la profesora Diane Ravitch. Además, la Sociedad Española de Psiquiatría, han alertado del aumento del estrés entre unos niños cuyas agendas no dejan de crecer. Más del 90% de los  estudiantes españoles de enseñanza obligatoria (de 6 a 16 años) desarrolla alguna actividad extraescolar, y algo más de la mitad, dos o más a la semana.
El pasado enero la La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos CEAPA se mostró contraria a un "exceso de deberes" creciente en España. Y remarcó el hecho de que la sobrecarga puede provocar desigualdades sociales entre los niños con desigual nivel socioeconómico y cultural. El Ministerio de Educación, que no tiene constancia de ninguna denuncia más por este motivo en España, recuerda que las competencias educativas están transferidas a las autonomías y no puede interferir. 
En 2009 dos abogados canadienses consiguieron que sus hijos dejasen de hacer cada tarde deberes, al considerar que las tareas no ayudaban a su formación académica, convirtiendo su casa en un "un segundo turno". A cambio, los niños tendrían que hacer el trabajo en clase, acudir cada día suficientemente preparados y estudiar para los exámenes. En su hogar, en cambio, la Justicia determinó que tendrían que leer diariamente y practicar con los instrumentos musicales.

jueves, 18 de abril de 2013

SABER PERDER, SABER GANAR


Este es el título de un artículo de psicología del deporte que nos han recomendado.
En él podemos aprender de la mano de dos importantes figuras del tenis como son Roger Federer y Rafa Nadar, lo importante de una buena educación en valores, en un mundo tan competitivo como es el deportivo.
Como muy bien se destaca en este artículo, lo qué se aprende de estos grandes deportistas es que:

"La vida no es un camino de rosas y por tanto los niños tienen que aprender a tolerar la frustración y a sobreponerse de ella. Además, tienen que saber asumir la victoria, y que no se crean más de lo que son"


Aquí destacamos algunos párrafos del artículo, el cual se puede leer completo en la siguiente dirección web:


"En esta sociedad tan competitiva –y el deporte no es una excepción-, no es raro que todos intenten destacar. Está configurado en nuestras mentes que hay que ser los mejores, y vivimos constantemente comparándonos con otros en diversos ámbitos y áreas de nuestro quehacer. Pero no se puede olvidar la importancia de saber perder y aceptar, que en ocasiones, no siempre todo saldrá bien".
...

"En parte por la misma razón, es habitual que en el otro extremo nos encontremos niños –y grandes- que ganan y humillan a su adversario, o que van fanfarroneando por ahí con sus éxitos. Ni lo uno ni lo otro. Saber ganar también tiene sus reglas. Igualmente insufrible que un mal perdedor es un vencedor presuntuoso. Lo primero que ha de hacer un vencedor es dirigirse a su adversario deportivo y valorar su juego. Hay que enseñar a los niños que lo importante es participar, prepararse y esforzarse en dar lo mejor de sí mismo"
...

"Este aprendizaje de la elegancia moral no se improvisa; ha de iniciarse desde muy pequeño, cuando el niño empieza a jugar con sus padres. En muchas ocasiones éstos le dejan ganar para que el niño no se frustre y se sienta bien. Esto no está mal, a veces hay que dejarle ganar para que el niño tenga interés en mejorar, pero también hay que dejar que pierda para que no se crea que él todo lo puede, y luego se lleve un chasco con otros que no le van a dejar ganar.

No vale decirle al niño que no pasa nada por perder, que lo importante es participar, y luego cuando el papá ve en la tele que su equipo de fútbol va perdiendo no se cansa de soltar improperios y descalificativos. El niño se siente engañado.

El hecho de que el niño se enfade cuando pierde es una reacción normal. A nadie le gusta perder, y menos a un niño. Ellos lo viven como un fracaso, y como viven en el presente, el futuro les queda muy lejos, y por tanto les cuesta darse cuenta que perder una batalla no significa perder la guerra.

Como padres podemos tener en cuenta una serie de aspectos:
•  Hay que ser consecuentes entre lo que decimos y hacemos. Tenemos que aprender también nosotros a perder y a medir nuestras reacciones. En el día a día hay que reconocer el mérito del que se esfuerza, del que mejora y no solamente del que gana (p.ej. hemos perdido el partido pero los jugadores han luchado muy bien).
•  Cuando el adulto gane o pierda con el niño o con otros, debe mostrarles consideración (p.ej. "He ganado, pero no ha sido fácil, tirabas los balones con mucha fuerza", o "Felicidades, has ganado. Te has portado como un gran jugador").
•  Es normal que tras perder uno se sienta un poco triste y decepcionado, pero no se deben permitir reacciones desproporcionadas (agresiones verbales, físicas o contra el material). Si se producen hay que dejar muy claro al niño que en esas condiciones no puede jugar y se quedará fuera del grupo hasta que se calme.
•  Se gane o se pierda hay que felicitar o solidarizarse con el adversario("Lo has hecho muy bien", o "lo siento. Ha sido un placer jugar contigo").
•  Tanto los padres como los hijos tienen que aprender a hacer examen de su conducta para saber en qué aspectos tiene que mejorar. Es más fácil criticar al otro que a uno mismo. Cuando el niño esté triste porque ha perdido, ayudadle a analizar el partido y hacedle preguntas sobre qué se podría haber evitado o qué se puede cambiar para la próxima vez, en función de su edad. Para poder hablar de la derrota a veces hay que esperar a que el niño se calme un poco y lo pueda ver con un poco de distancia. En el momento de la frustración es difícil dialogar y ver las cosas. Esto no vale sólo para el deporte, sino también para los fallos de comportamiento que haya podido tener en general.
•  Se le debe enseñar a jugar limpio. Establecidas unas reglas, hay que respetarlas. Si los niños son pequeños no debe haber muchas. Además, éstas no se pueden cambiar cuando a uno le interesa. Conviene acostumbrarse a no protestar ni quejarse, sino a aceptar las decisiones del árbitro, los fallos de los compañeros o los propios, y seguir luchando por la victoria con ilusión y honestidad, aprendiendo de los errores."